La ausencia de un tratamiento integral de la dimensión regional y local dentro de las políticas nacionales de desarrollo ha originado, a lo largo de las últimas décadas, arreglos territoriales que no responden, necesariamente, al interés colectivo o a las necesidades de desarrollo de un área determinada y, mucho menos, a las necesidades de desarrollo del país.
Ante esta realidad, la nueva estrategia territorial, en concordancia con los lineamientos del Plan Nacional de Desarrollo Regional 2001-2007, está dirigida a promover, por la vía de la descentralización desconcentrada, un desarrollo humano sostenible -es decir, un mejoramiento de la distribución territorial del ingreso, sobre la base del aprovechamiento de las potencialidades de cada región- que se exprese espacialmente en una ocupación racional, armónica y eficiente del territorio, a fin de lograr una distribución equilibrada de las actividades productivas, las inversiones y la población.